Vamos a ver qué tal funciona el experimento de publicar aquí, de vez en cuando, (tranqui Carlos), algún post en plan postal, en el sentido amplio de esa palabra de nuevo cuño, mientras seguimos en el otro blog con las náuGrafías. Ángel Duarte y Holzer son promotores de esta idea, yo no quería, oiga, no quería…
Hay un título de cuadro de Kanishka Raja, autor indio, que se me ha quedado grabado en la memoria: “En el futuro, nadie tendrá pasado” (‘In The Future No One Will Have A Past’). ¿A qué viene esto? pues a que puede ser posible que esa premonición agorera sea realidad. Como la película del islandés aquel, El hombre sin pasado. ¿Qué constituye el pasado de la gente del presente? Asuntos y trastornos de tipo político, primero, y económico después, se me ocurre así ahora.
Depuraciones, purgas, exilios, posguerras con hambre, emigraciones, el tío que se va a América, los gallegos que emigran a Argentina, a Suiza, hasta constituir una quinta provincia, en plan diáspora galaica, el cura medio rojeras que abandona la orden para casarse con una viuda de un republicano, etc. Todo ese material del que se nutre el cine español y que constituye ese pasado más o menos dramático y, por tanto, digno de ser sacralizado de alguna manera mediante el arte.
¿Cuándo se extingue esa concepción del pasado? Jugando a ser historiadores de la elucubración, yo diría que, en España, con la celebración del Mundial’ 82. Y el último vestigio del ayer, de ese ayer generador de telefilmes con éxito de audiencia, resultar ser el intento de golpe de Estado del 23-F, año 1981. El discurso tranquilizador y llamante a la calma del rey Juan Carlos será el último capítulo de tipo histórico nacional que un Pérez Galdós contemporáneo prosilizaría. (Y el 11-M, quizás, pero el terrorismo es un fenómeno más aislado, nuevo, como ajeno al desarrollo de esa historia un poco causa-efecto en la que andábamos.)
¿Qué batallitas contaremos a nietos y demás descendencia? Que si la crisis, el terrorismo, los atentados, bla, bla. Pero me temo que dramas seguirá habiéndolos e historias sangrientas también, más o menos cerca, para entretener a las futuras generaciones. Me temo que el cuadro de Kanishka Raja no se refería tanto a esa falta de pasado tremebundo, sino a la difusión de tipo familiar, social, vital, de raigambres varias que provoca una existencia en clave globalizadora.
Como el pasado de los hijos de diplomáticos, errabundo, quizá nuestra gente futura vea en su pasado unos fotogramas desdibujados, borrosos, a los que aferrarse a duras penas, desprovistos de cualquier tipo de asidero afectivo, humano, auténtico, real.

Casas sin historia, quizás, sin portarretratos, ni estampitas de la abuela…
Los portarretratos hablan de papá o de mamá, y.. horror! Estampitas?…Noo!
Y las caras ,borrosas, van pasando como olas que no vuelven más. Y el sol lentamente se ahoga.
Recuerdos, naúfrago. Buena buena reflexión…
¡pintor italiani!
La historia causa-efecto se sigue dando, sólo que desde esta perspectiva no somos capaces de ver todavía su alcance. No caigamos en el espejismo de creer que la historia se ha acabado sólo porque todavía no sea historia (lo que hace historia a algo es su muerte, su paso). El terrorismo también lo es, la nueva historia, y el 11-S qué, y la Guerra de Irak, y las miles de cosas que están ocurriendo sin que nosotros todavía lo sepamos. La historia sigue su curso y habrá mucho que contar a nuestros nietos, quizá demasiado. Y aunque parezca increíble seguro que en un futuro rememorarla tiene su encanto, como lo tiene estudiar la Descolonización o la Segunda Guerra Mundial.
Por cierto, qué elegante era este blog y qué despejado. Ya no me acordaba.
No creo que el 11-S, la Guerra de Irak o la crisis de 2009 se pueda comparar a la guerra civil, la segunda mundial o la muerte de franco, las mani con los grisis y demás. Vivimos en tiempos de paz en los que muchísima gente ni sabe de que va lo de Irak, ni Afganistán ni Osetia del Norte ni del Sur.
Es triste pensar que lo único que genera pasado sean las guerras ciertamente. Mmm, me temo que Internet será la única revolución que contaremos con orgullo de haber vivido una transición sin parangón, pero batallitas y tal… pocas.
Muchísima gente no sabe ni de qué va lo de Irak, y en su día muchísima gente no sabía de qué liba a guerra del golfo. ¿Los americanos sabían se enteraban perfectamente de la copla en Europa en 1944? No veo por qué no se puede comparar la guerra civil con todo lo que ocurre ahora. Creo que estás demasiado influenciado por el cine español. La guerra civil no dejó de ser una guerra, y para quienes la vivieron no había encanto cinematográfico en sus pueblos con campanario ni en el vuelo de las faldas de sus mujeres al bajar de la bicicleta. Yo sigo convencida de que vivimos en un periodo altamente histórico, como todos. Joder, ¡el genoma humano!
“quizá nuestra gente futura vea en su pasado unos fotogramas desdibujados, borrosos, a los que aferrarse a duras penas, desprovistos de cualquier tipo de asidero afectivo, humano, auténtico, real.” Joder, qué punzada de angustia vital me acaba de dar al imaginarme a mis hijas desprovistas de asideros de todo tipo…
Me quedo con el punto de vista de Violetera, pero no porque esté convencida de que vivimos un momento altamente histórico, sino porque siempre habrá algo que nos defina, porque el ser humano necesita de esos asideros para constatar su existencia y en dejar su rastro. Mi madre fue niña de posguerra, joven de los sesenta que nunca supo quienes fueron los Beatles, ni tan siquiera los Bravos, pero cantaba a Concha Piquer como nadie… Y tengo mis asideros y mis hijas confio plenamente en que tendrán los suyos, es una necesidad vital, como respirar.
En fin… señor Laporte, tengo que decírselo, aunque siempre es interesante y un placer leerle, qué mareo ora aquí, ora allá… Saludos.
Soy consciente del mareo, y pido exculpas y dispensas, pero mi propósito bloguil es el siguiente, Elpatio y Violetera:
-post-río en blogguer
-post-reflexión en WP, con textos cada más tiempo, para que maceren, los comentarios hagan su efecto, moldeen el artículo, etc….
Sé que es un poco esquizoide, pero tan poco está tan mal la idea, opiiiiino (de que). Así estos post más densos no se pierden con el trasiego veloz de los otros. Y tal.
Abrazos, abandono la provi(de)ncia.
naufri (jajajaj)
Estimado Edu, me alegro de esta división bloggera, que me permitirá ser lector de río en un caso y comentarista fluctuante en otro. En realidad, el tema este del pasado depende de cada uno. Me temo que cada cual cree que el mundo pierde facultades con el tiempo, aunque quien de hecho lo hace es uno mismo. Me recuerda a la invectiva contral la juventud amoral que parecía una carta al director de un abc cualquiera, y en realidad era un texto griego clásico. En fin. Puede que en el futuro cueste más tener clara una microhistoria tipo hogar, pero también es cierto que tendremos una macrohistoria audiovisual que rescatar en youtube.
La caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS en el 89 (mil novecientos) y siguientes, me parece una de las mejores batallitas que podré contar, a quien quiera escuchar, que tampoco estamos para joder más de la cuenta
Exculpado queda, ¡faltaría más, esquizoide náugrafo laportiano!… ya vamos y venimos nosotras del fluir del río a la queda reflexión, si hay tiempo pa to en esta vida, y en dependiendo de los megas, no se tarda na.
Lo bueno de WP es que en los comentarios queda registrada la ip y gracias a eso, por fin sabrás quién coño soy.
Saludos.
PD: Por cierto, como la elegancia de WP no hay nada. Estoy por pasarlos todos aquí…
Por cierto, hoy he leído en San DFW esto:
p.114. Lyndon Baines Johnson nunca da explicaciones. Es una norma personal que me parece muy ventajosa. Nunca doy explicaciones. La gente desconfía de la gente que da explicaciones. Apúntate eso, chaval: «Nunca des explicaciones».
A qué viene esto?
Como si te quieres abrir 30 blogs, uno para cada día del mes. A la gente, de verdad, ¿qué coño le importa?
Yo tengo… uno, dso, tres y cuatro blogs. Pero en el fondo, ¿qué coño le importa eso a la gente? La gente quiere carnaza y ya está, sea donde sea, escribas donde escribas, digas lo que digas.
Tú escribe y calla, aquí o allí…
SAludos y ya casi abrazos, pollo.
“Quien lo hace es uno mismo!…
“Quizás cueste más tener una microhistoria tipo hogar”
Es para pensar.
Y si de pensar se trata, ojalá podamos contar a nuestros hijos y nietos, que tuvimos que ser valientes para ser honestos, que quisimos ser mejores padres y madres cada día y que del recomenzar hicimos nuestra bandera para teñirla de historias…
Las macrohistorias blogueras ojalá dejen paso a vivir día a día sin tanta digitalidad…
Este blog es estupendo.
Le deseo éxito, pero yo me voy a París sin ordenador, así que no podré comentar.
Espero leerle aunque sea con retraso.
Bueno, ve usted como mantener el náufrago tenía sentido. Todo el del mundo.
No se trata de suscribir, pero lo haría. Sólo con una disonancia. El pasado de los hijos de los diplomáticos no era errabundo, era gloriosamente cosmopolita: véase E.J. Hobsbawm.
Abrazo
Encantado de re-conocerte, Sir Alsen, jejeje. Gracias por vuestros comentarios.
Pero sí, Contenedor, son fenómenos que hemos visto por la tarde. La verdadera historia, el verdadero pasado, es que el influye en tus vidas, y que te enteras salga o no en la tele. Me temo que la crisis es lo más parecido a eso que hemos tenido nunca, los nacidos en los setenta y después.
Y Holzer, yo no lo veo como que este tiempo sea peor o mejor, pero sí, a lo mejor, más corrido y sin señas, por usar un símil musístico creo que no del todo desacertado, já.