Así se llama la película educativa, Entre les murs (La clase), que no llegó a triunfar en los Oscar pero que ahí estuvo, a las puertas, con su bajo presupuesto y sus actores haciendo de sí mismos. Es curioso ver los títulos de créditos y comprobar como personaje e intérprete coinciden en casi todos los casos.
Es cierto que esta película ha tenido grandes loas por su tono no catastrofista, que plantea una guerra, la de la educación, no del todo perdida, ni tan siquiera en focos tan delicados como la banlieu parisina, la de la racaille, que diría Sarkozy, con ese tono chulesco que le debe de poner (excitar) a la Bruni.
Me gustó la película, cosa que eso no quiere decir que sea buena, que yo creo que lo es. Hay mucho recomendador de películas que las recomienda vivamente por que le han gustado a él, a ella, es decir, porque se identificaba con el personaje, o porque le ayudó a resolver algún galimatías estructural que llevaba dentro. A mí La clase me atrajo por una vocación mía didáctica que creo tener y que algún día me gustaría incluso desarrollar/experimentar. No le gustó tanto a Lucía Etxebarria, que la vimos en el cine Verdi, con esa pinta como de salón rococó-kitsch-vintage que es todo ella. “Pues a mí no me ha gustado”, o algo así, vino a decir, a la salida.
Pero, vamos, la peli presenta ese panorama multicultural y multisocial en el que educar es una labor titánica, sobre todo a adolescentes inquietos y tirando a conflictivos. El más conflictivo, Souleymane, originario de Mali, es verdad que crea problemas: no trae libros a clase, no hace la tarea, está todo el día cizañeando, es incluso violento, tutea al profesor… Y, bueno, hay suspicacias, detalles, que por qué el profesor siempre emplea nombres como occidentales para sus ejemplos y nunca un Khumba o Rashid y cosas así. Pero, coño, si ese es el infierno educativo de la aldea global, de la desesparanza suburbial y de la generación de la falta de atención…, suave me parece.
Creo que habría que rodar una La clase en versión española, en un instituto del tipo barrio León XIII, el del amigo Carcaño. Y no es por ir con el rollo de Francia es mejor que España, tal, tal, pero no sé, a mi esos chicos me parecieron bastante participativos, bastante dignos, bastante defensores de unas ideas más o menos propios, conscientes de su pertenencia a un origen, sea africano o francés por adopción. La manera con que abordan un ejercicio que les plantea el profesor, el de los autorretratos, me pareció inviable en más de un instituto azotado por el informe PISA. Una de las chicas reconoció haber leído La república, de Sócrates (pa’ mí que era de Platón) y que le gustó como “el tío” va por ahí preguntando a la gente cosas y tocándoles un poco los cojoncillos por su bien. “Habla de todo, de política, de religión, de amor, de arte….”. No me imagino esa senbilidad en una Yeni o Vanesa cualquiera de nuestro sistema educativo.
Tampoco me los imagino hablando de usted o levantándose cuando llega un profesor, como quizás tampoco imagino a una autoridad educativa defendiendo esas fórmulas de protocolo, no reñidas con una flexibilidad y hasta cierta creatividad en la manera de transmitir los conocimientos. Pero hablo a golpe de intuición.


He escrito un rollete largo pero al enviar se ha borrado. En resumen: No he visto “La clase” pero estoy en ello. Me encantó “Ser y tener” (otro contexto). Me parece esencial la figura de la persona educadora: aquella que nos enseña a pesar de todos los pesares (hormonas, legislación y sistema educativos, colegio o instituto, desastroso contexto social, valores economicistas a tope, injusticia social, familia enloquecedora, etc.)
Y lo de “usted” a mí me gusta, pero no lo veo factible en nuestro contexto. ¡Y no soy una carca!
Qué coñazo los comentarios que se traga la Red… Alguien debería recogerlos algún día… En mi cole hablábamos de Vd. a los profes, y al principio costaba, pero luego era lo normal. Eso me ha servido luego para no cagarla con tuteos innecesarios en según qué situaciones.
Aunque no sé, creo que en francés el uso del Vd. del “vous” es menos solemne que en nuestro castellano.
Otra peli interesante de este palo es ‘Hoy empieza todo’, de Tavernier. Más deprimente, eso sí.
Abandoné el Magisterio a mitad de carrera, ¡¡loado sea el paro que sufría el colectivo por entonces que hizo que me encaminara hacia la enfermería!!
El D. quedaba antes muy bien, porque el nombre reafirmaba el “usted”; Don Abilio, Don Honesto, Don Alfredo, Don Alfonso… Ahora suena un poco a coña Don Cristian, Don Chema, Don Jonhatan, o Doña Jeni y Doña Vane… porque los Cristian y las Jeni crecen y se convierten en maestros. Pero, aunque a mí siempre me parecerá correcto y necesario el Don, así como la existencia de la tarima y de la mesa para posicionarse encima de o al otro lado de, el problema no radica en el Don…
Menudo tema ha ido a tocar en su post, señor Laporte. De lo más controvertido.
Me comentaba hace unos días una amiga mía, directora de colegio: “son como autómatas, se mueven de un lado para otro en el patio de recreo y no saben relacionarse entre ellos, y cuando lo hacen es para sacarse los ojos”. Me hablaba de la falta de interés, de la apatía generalizada, de la depresión en los niños… ¡un niño con depre!, y de la agresividad en los más mayores como generalidad. ¿Usted no ha sido un adolescente inquieto? Todos lo hemos sido, con eso ya cuenta el docente. Con lo que no cuenta el docente es que además de la inquietud hormonal, tenga una clase llena de delincuentes, que diría mi padre… Afirmaba que en los diez últimos años la Educación se está convirtiendo en una pesadilla, además de una profesión de riesgo, no ya sólo por la actitud del alumno, sino por la de los padres… Y nadie se puede imaginar lo dificil que resulta para los padres que educamos como nos educaron nuestros padres, educar contra corriente e inculcar valores que están por encima de épocas y contextos históricos a una mente que no recibe nada más que estímulos externos de dudosos beneficios y constatados perjuicios.
Qué bueno que volviese de nuevo la figura del MAESTRO que saca lo mejor de cada niño, pero qué bueno sería que volvieran los padres que devolviesen la autoridad a ese maestro y enseñasen a sus hijos a algo más que a manejar la playStation y hacerlos sentir el centro del universo… Pero vamos, de vez en cuando sale alguno que sabe que el río que pasa por CR no es el Tajo, sino el Guadiana, y que sabe que Goya no pintó a Las Meninas, y que, además, tiene sensibilidad para para captar, interpretar, valorar y decidir sobre todo cuanto le rodea… en fin, no perdamos la esperanza.
Madre mía, qué comentario, mil perdones por la extensión.
Si, sí, últimamente la noto expansiva… Docencia por enfermería, curioso trueque. Al menos su trabajo genera un objetivo bienestar en sus pacientes, un bien apreciable y necesarios, cuyos efectos placenteros y analgésicos notan y hasta agradecen quienes los reciben. Creo que no pasa lo mismo con la enseñanza. Una amiga mía, que da clases en un cole de hijos de Acebes y Zaplanas, me recordaba que es “la profesión de la frustración”. Que el trabajo de un año apenas si surte efecto y que todo el esfuerzo del profesor por “educar” es un derroche, que no sirve para nada. Y hablo de “niños bien”.
Creo que el fenómeno es extensible a todos los niños, bien y menos bien, y la sensación de frustración es la misma en el educador de niños bien que en el de los menos bien… De todas maneras, pobres niños bien, ya se sabía que a la niña de Rajoy le iba a resultar dificilísimo encontrar su sitio en esta nueva estructura social, no me extraña que esté de un rebelde en el cole que todo derroche sea inútil… jajaaja… en fin. No me divida a los niños, señor Laporte, qué más da niños bien que menos bien, si en las dos últimas décadas unos y otros han sufrido iguales carencias.
¿Hiciste la encuesta?
Soufflez, soufflez maudits!
Saludos,
Nosotros la vimos y salimos con esa sensación de las peliculas que te las han puesto tan bien que luego te desilusionan… Me admira el estilo en el que está grabada más documental que película pero al final es lo que dices que la realidad francesa es tan diferente a la española que casi me parecía ciencia ficción, y aun siendo tan real no me la terminaba de creer… aquí la inmigración es más reciente y tienen muchas deficiencias de idioma que les impiden seguir las clases (chinos como los de la peli no he visto) y la gran integración se llama elrichar, la jenny o la vanessa (no olvidemos la doble consonante) que ufff
La realidad del profesorado español también es muy distinta… las nuevas generaciones sí que van por la tendencia francesa pero recordemos que todavía no se han jubilado los que me daban a mi clase hace 15 años, aquellos que entonces nos mandaban limpiar el despacho del tutor SÓLO A LAS CHICAS, que ponían motes a los alumnos y se mofaban de ellos en clase (igual que la movida que se monta cuando en la peli al profe se le escapa lo de golfas que yo creo que está hast mal traducido), capones, borradores contra la pizarra… no digo que ahora se haga pero que ese profesorado todavía está activo si… vamos que a años luz del país vecino… también estamos a años luz en sanidad que no tienen listas de espera pero bueno eso es otra historia!
bueno a ver…
Ya esta bien de idealizar “la france”, bajaros unos “Confessions Intimes” o unos “Pascal le Grand Frère” del youtube (maravillosos programas de télé réalité a la francesa)
No se si lograréis entender lo que dicen, porque hay bastante francés que no sabe hablar…la secretaria de mi curro por ejemplo, no conjuga bien un verbo ni por error. Asi descubrireis la otra cara de la france llena de intelectuales, huelguistas, artistas y gente chic…
A mí la película me pareció fascinante. Derrochaba vida por todos los poros… del celuloide. No hablo puramente de realidad. Vida.
yo pense que iba a ver algo nuevo,pero no fue asi.que el mochilazo que le dio a la chica sea lo mas violento de la pelicula me sorprendio,y que el desenlace sea ese.me gusto mucho mas recursos humanos.quizas me identifico mas con mi pais.