Lo que le pasó ayer a Emilio G. es un calco de lo que se cuenta en la película Un día de furia. Habría que conocer las causas precedentes que motivaron que este tipo cogiera una maza y se lanzara contra todo lo que pillase en la herriko taberna de su pueblo, más allá de que su piso quedó destrozado por el ataque que sufrió la sede del PSE en Lazkao. Los abertzales que pasan por ahí, pasada la lluvia de mazazos, sueltan un muy significativo “se lo llevarán a la Audiencia”, que sintetiza y refleja mejor que nada la mentalidad del radikal vasco común, ese raciocinio siniestro, frío, psicopático. “Que le caigan ocho años”.
“Ojo por ojo, diente por diente”, llega a soltar el tal Emilio, al que ya se la ha terminado la existencia más o menos normal en un pueblo en el que su padre fue concejal, socialista y que, como tantos, tuvo que largarse con el rabo entre las piernas. A veces uno se plantea si ese “ojo por ojo” que ha puesto en práctica este hombre no resultaría una medida eficaz para acabar con el terrorismo, que lo dudo, o si hay dignidad en ese arrebato de justicia por la vía rápida. Yo veo dignidad en el ataque de este hombre a una situación de permanente injusticia y veo dignidad en ese estallido de cólera, ira, desesperación que se traduce en esos golpes sin control contra todo lo que representa el fascismo en Euskadi. Luego poblarán la localidad con pancartas de Emilio G. faxista, muy en la línea democrática que se practica en la causa proetarra.
A este tío se le ha jodido la vida, el piso ya lo tenía jodido, pero quizá encuentre una dosis de consuelo al saber que al menos su dignidad no se la han pisoteado. Que se enfrentó al funesto stablishment de la violencia. Lo hizo con violencia, también, pero con una violencia quizá simbólica, desesperada, en defensa propia, defensa de nuestros derechos más básicos como ciudadanos.

Debe cabrear tener el bar con los cabrones que te destrozaron la casa a dos calles. Me extraña que estas cosas no pesen más.
También Jesucristo se lio a guantazos con los puestos que profanaban la casa del Señor. Y era el hijo de Dios!! Joder, a veces hay que tener algo de orgullo propio y no dejar que se te rian a la cara, bravo!
A mi lo que ha hecho este tipo me produce unos calo-fríos enormes. Me rondan por la cabeza el ángel y el demonio de los dibujos animados. Uno dice: “Muy mal, se está rebajando a lo que hacen los etarras y pro-etarras” y el otro dice “Olé tus cojones, con una maza y a cara descubierta”. Lo qué no se es quién dice qué.
Yo la verdad que a este tipo le perdono, y de hecho, perdonaría a cualquiera que hiciera lo mismo aunque no le hubieran volado la casa, no sé, tiene un olor a revuelta popular, a “hasta aquí hemos llegado, me habéis tocado mucho los cojones y he callado durante años, pero ahora vais a cobrar”.
Pero el problema es que los que no apoyamos a ETA somos en general gente inteligente que pasamos de lanzar cócteles y petardos y los que no, son de grupos igual de indignos y borreguiles. Porque tontos hay en todas las comunidades, pero dependiendo donde nazcan se apuntan a la tribu que manda en el lugar.
Si eres un tontázaro que naces en el país vasco, te harás borroka, si naces en Andalucía será un cani y si naces en Valencia neonazi.
Con ETA se puede acabar, pero la estupidez es infinita y universal.
De todas formas, lo que me parece que va a pasar es que en unas semanas, a este tipo lo habrán olvidado todos menos los que lo quieren apalear, y los demás seguiremos callando o gritando desde nuestros búnkeres/blogs creyéndonos valientes.
Conclusión. Ni idea.
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Me pasa como al molusco. Aunque algo más predispuesto al abrazo fraternal con E.G. Eso sí, una vez ha dejado la maza en el suelo.
El ojo por ojo nos dejará a todos tuertos, se suele decir en estos casos. Sin embargo, en el caso del país vasco, los ojos siempre caen del mismo lado. Creo que los reparos que se le pueden poner a este hombre no son tanto morales como de estrategia. Siendo pragmáticos, su acto sobre todo le ha perjudicado a él. Creo que con los abertzales lo eficaz sería una cadena de venganzas molestas e imaginativas (pegamento en sus cerraduras, bombas fetidas en sus manifestaciones, evacuol en sus txoznas, etc
Con los proetarras, más que con los abertzales. Perdona por el matiz, holzer. Curiosa iniciativa, jaja.
Creo que todo la gente normal sentimos simpatía por este señor, lo comprendemos y empatizamos con él. Eso no quita para que ese tipo de actos deban ser reprobables. Es un poco como la pena de muerte en mi opinión, pero más light.
Por cierto Molusco, me ha gustado mucho tu comentario. Siempre he pensado que existe un porcentaje de personas sin personalidad propia que necesitan unirse a grupos radicales, cuya ideología dependerá de si nacen en Afganistán, Alemania o en Euskadi. Discutía de esto hace poco con un amigo psicólogo, de Olazagutía, que me decía que de jovencico tuvo su temporada radical-abertxale (sin llegar a kaleborroka) porque los de su cuadrilla eran de ese palo. Lo pensó fríamente como persona inteligente que es y se fue a terminar el instituto a Salamanca.
Saludos.
Cuando un ciudadano normal llega al extremo de tomarse la justicia por su mano es porque, esa otra venganza, más racional y ponderada, que nosotros hemos puesto en un monopolio y que se llama justicia y que es lo que nos permite vivir en sociedad sin sacarnos arbitrariamente los ojos, no actúa. ¿Por qué estaba abierta una herriko taberna si por orden do señor del bien eta mal, Garzón a secas en sus ratos entre crisis, tenía que estar más cerrada que los muslos de un célibe?
Cuando las instituciones creadas para que la sociedad fluya hacen la vista obesa, la sociedad sigue fluyendo, y las reemplaza en menos de lo que se canta un irrintzi para buscar el resarcimiento.