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Archive for the ‘Cuestiones de Estado’ Category

Un día de furia

Lo que le pasó ayer a Emilio G. es un calco de lo que se cuenta en la película Un día de furia. Habría que conocer las causas precedentes que motivaron que este tipo cogiera una maza y se lanzara contra todo lo que pillase en la herriko taberna de su pueblo, más allá de que su piso quedó destrozado por el ataque que sufrió la sede del PSE en Lazkao. Los abertzales que pasan por ahí, pasada la lluvia de mazazos, sueltan un muy significativo “se lo llevarán a la Audiencia”, que sintetiza y refleja mejor que nada la mentalidad del radikal vasco común, ese raciocinio siniestro, frío, psicopático. “Que le caigan ocho años”.

“Ojo por ojo, diente por diente”, llega a soltar el tal Emilio, al que ya se la ha terminado la existencia más o menos normal en un pueblo en el que su padre fue concejal, socialista y que, como tantos, tuvo que largarse con el rabo entre las piernas. A veces uno se plantea si ese “ojo por ojo” que ha puesto en práctica este hombre no resultaría una medida eficaz para acabar con el terrorismo, que lo dudo, o si hay dignidad en ese arrebato de justicia por la vía rápida. Yo veo dignidad en el ataque de este hombre a una situación de permanente injusticia y veo dignidad en ese estallido de cólera, ira, desesperación que se traduce en esos golpes sin control contra todo lo que representa el fascismo en Euskadi. Luego poblarán la localidad con pancartas de Emilio G. faxista, muy en la línea  democrática que se practica en la causa proetarra.

 A este tío se le ha jodido la vida, el piso ya lo tenía jodido, pero quizá encuentre una dosis de consuelo al saber que al menos su dignidad no se la han pisoteado. Que se enfrentó al funesto stablishment de la violencia. Lo hizo con violencia, también, pero con una violencia quizá simbólica, desesperada, en defensa propia, defensa de nuestros derechos más básicos como ciudadanos.

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Mi amigo Latinajo me comentó el artículo de Vargas Llosa del domingo en El País, y que merece la pena leer con calma. En primer lugar, porque el escritor se posiciona del lado palestino, del lado de los que sufren, del lado de los puteados. Se moja, y lo hace por unos motivos. Lleva a cabo Vargas un loable y limpio análisis de la situación, y trata de entender el origen del conflicto. Gaza es una ratonera. Es más, hay ratas. Viven un millón y medio de personas, arrinconados por obra y gracia de Israel, que se las ha apañado para incomunicar a esta región, “cerrándole el uso de agua y mar”, y dejándo salir solo “con cuentagotas” a sus ciudadanos, después de “trámites abrumadores y humillantes”.

Las comparaciones históricas son odiosas, nunca son exactas, ni del todo justas, pero los judíos de Israel han creado un revival del gueto de Varsovia, con palestinos esta vez. “Me pregunto si algún país en el mundo hubiera podido progresar y modernizarse en las condiciones atroces de existencia de la gente de Gaza”, dice Vargas Llosa. No se justifica, pero sí se entiende la escalada violenta de un pueblo que vive en esas condiciones. Sí, que se llegue al lanzamiento de cohetes, picaduras de mosquito comparadas con los cañonazos (para matar moscas) que emplean los militares de Ehud Olmert.

Vargas Llosa, como Juan Goytisolo hoy mismo, se ha dedicado a señalar la verdad: que Israel se está pasando tres pueblos. Que así no solucionará nada. Que hay intereses electorales detrás de toda esa macabra campaña, lo cual no es sino más asqueroso aún.

Acaba el artículo alabando al periodista israelí Gideon Levy, ojo crítico de las malas artes de su pueblo, al que ha dudado en calificar en dos ocasiones de “matón de barrio”. Valentía y decencia de la que no se han contagiado esos otros judíos siempre candidatos a rutilantes premios, como Amos Oz o David Grossman. Me recuerdan a ciertos escritores venezolanos que, de la noche a la mañana, se alineó junto a Chávez para no perder su privilegiada posición pesebreril. ¿Y qué hay de los Woody Allen, Philip Roth, Steven Spielberg o Bob Dylan, judíos de corazón y hasta sangre, o el propio Leonard Cohen, mi querido L. Cohen, ahora que lo tenías tan a huevo?

¿Dónde están los manifiestos? ¿La repulsa común? ¿La cohesión frente al horror? Hablan de paz. Sí, que llegue la paz. Con una tibieza que es indigna cobardía.

Amos Oz

Amos Oz

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Como muchas mañanas, he escuchado, desnudo, a Carles Francino. Es lo que tienen los locutores/as de radio. Media España les escucha mientras se asea, tal y como sus madres les trajeron al mundo. Después de una noticia sobre transferencias de competencias en I+D+i al País Vasco, ha venido otra noticia, desnuda también, sobre el éxito de la cadena. Así, grosso modo, son líderes por la mañana con casi 3 millones de oyentes, La Ventana de Gemma Nierga arrasa por la tarde, El Largero de JR de la Morena no tiene rival (saca un millón al siguiente competidor) y los programas de madrugada también ganan por goleada. Todo esto, claro, se traduce en beneficios, he pensado, mientras escuchaba una cuña publicitaria. Pues no tantos como pensaba, pues la deuda de Prisa asciende a unos 5.000 millones de euros.

Luego he leído también en el diario del mismo grupo este reportaje, sobre eternos mileuristas y si en España se vive bien o no, que para unas cosas sí, pero con esos sueldos de mierda va  a ser que no. Me ha hecho gracia (a ellos no tanto), el relato de una pareja compuesta por un español y una finlandesa. Visto el panorama salarial, que no llegaban no ya a fin de mes sino a mediados, decidieron irse a Finlandia, donde no hay luz pero sí una dignidad profesioni-salarial:

“Yo ahora no trabajo, tengo una beca para estudiar el doctorado de 1.250 euros, y eso aquí no está mal para vivir. Paulina trabaja en una ONG por 1.850 euros al mes, con lo que tenemos nuestro propio piso y no necesitamos ayuda de los padres”, explica Manuel. “Eso sí, aquí hace un frío del carajo, y a las tres de la tarde ya es de noche. Nos gustaría algún día volver a intentarlo en Madrid, pero no es fácil”.

Me he acordado entonces de Gonch, un amigo de Bro, que dejó de trabajar en su sueño radiofónico dorado (la Cadena Ser) por no poder subsistir ya, a sus 24 años, con 300 euros mensuales y una vida que pagar. Abandonó el trabajo que siempre persiguió, por un empleo mileurista en una revista de camiones y logística. Tiene dos carreras y un cerebrón muy considerable; el otro día le mandaron a la factoría de salsas Chovi, en Valencia, para no sé que reportaje sobre alimentación y carreteras. “Hombre, no es lo mío, pero voy aprendiendo”.

Con 500 euros de gastos fijos por existir en Madrid, Gonch hace la compra cada lunes. 30 euros y comer siempre en casa. El resto ya es para las cañas necesarias, imprevistos, quizá condones (¿por qué coño son tan unos trozos de plástico pringosos?) y algún viaje de vuelta a Pamplona, para recargar pilas anímicas y los tupper-wares de una madre esperemos que piadosa.

Por supuesto, no piensa en comprarse una casa, ni un coche, ni un perro. Si algún día se le despierta el instinto familiar, ha visto en la pajarería de la esquina una pecera con calentador y filtro que está de oferta. Sueña con que no le inviten a ninguna boda, porque no podría costear el regalo de rigor, llevar al tinte el traje y mucho menos irse de viaje, si el bodorrio está lejos. Si algún día él mismo decide casarse, ha visto ya un bar en la calle Leganitos donde dan unas mediasnoches de jamón y sándwiches variados por un precio razonable. Un cuñado abogado les casará allí mismo, y hasta le prestará el traje. De viaje de novios, han pensado en un fin de semana en Aranjuez, con un bonhotel de la prima de ella, que es azafata de Iberia y tiene puntos, y paro con esta exageración ya en el terreno de la ficticio.

Y ahora en serio, ¿qué estamos haciendo mal?

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¿Qué es la libertad? What is freedom? A mí me parece, como Voltaire u otro creo que dijo, que la libertad me la marcan las leyes. ¿Es libre quien no se ajusta a ninguna ley? A mí eso me parece ser anarquista, cuando no insumiso, cuando no directamente antidemocrático. Sobre todo si hablamos de leyes aprobadas con las leyes democráticas, y no con otras. ¿Qué no nos gusta tal ley? Me parece lícito que los ciudadanos empleen sus recursos para modificar tal cosa, sobre todo si aseguran que entra en conflicto con tal artículo de la Constitución. Los detractores de Educación para la Ciudadanía alegan que esta asignatura entra en conflicto con el artículo 16.3, el de la Neutralidad del Estado.

Respeto que haya gente en contra, pero me parece triste este vapuleo social y político que, al amparo de ciertos medios de comunicación, está recibiendo Citizenship Education, que es como se dice Educación para la Ciudadanía en valenciano, en este país tan absurdo a veces.  

Cansado de hablar del tema sin conocer de cerca el asunto, me compré un ejemplar de EpC. Lo hice en una de esas librerías regentadas por señoras pulcras con muchas biografías de Ratzinger y el Papa Pío XII. “¿Cuál es así el más… progresista, el más polémico, digamos?”. Le pedí el de Santillana, pero no lo tenían. “Sí, sí, claro ese es el de Prisa, que son del Gobierno”. La dependienta estaba en el ajo. Me enseñó el de José Antonio Marina. “Este es un buen libro, es el que más se lleva”. “Vale”. “Son 27 euros”. “Vaaaya, 27 euros”. “Bueno, te llevas el libro de un autor, es un gran filósofo”.

Hasta hoy, que he leído algo relacionado en la prensa on-line, no había abierto el libro. Y lo he hecho con esas pocas ganas de darles la razón a la pacatería y cerrazón más puritanoide y reaccionaria española. Las cosas como son, si el Estado te adoctrina, aunque uno esté a favor de ciertas medidas (matrimonios gays, aborto, distintos tipos de familia), es lógico que escueza y se intente frenar el asunto. Como si el trabajo educacional hogareño de ciertas familias no sirviera para nada, ya que en el colegio se lo van a tumbar, por usar un término que tanto gusta a cierta prensa. Porque si alguien piensa que alterar un embrión es pecado y que sólo hay una familia que tenga virtudes, pues va y se respeta. 

Voy directamente a los temas delicados.

Páginas 122. La necesidad de controlar la fuerza del impulso sexual. La sexualidad animal es descontrolada. Sigue la fuerza del instinto. En cambio, la sexualidad humana es responsable. Una persona que se dejar llevar por sus deseos, sin pensar en otra cosa, no respetaría los derechos de los demás.

Página 123. La solidaridad y el sexo:  Los seres humanos han vinculado el sexo y los sentimientos. Los animales, mientras tienen relaciones sexuales, están dominados por los instintos, manejados por un mecanismo que no entienden. La sexualidad humana está orientada al establecimiento de fuertes vínculos afectivos entre los seres humanos y a la procreación.

En cuanto al tema de las familias, sí, Marina reconoce que hay formas de unidad familiar (página 124) y explica que existe la familia patriarcal y extensa (modelo tradicional hasta el siglo XIX en Occidente, basada en el cabeza de familia, etc.), y la familia nuclear, en la que el núcleo familiar está formado por los padres y los hijos que viven con ellos. A partir de este tipo, han surgido nuevas formas de familia, según la situación de los padres: familias monoparentales (en las cuales los hijos viven solo con uno de los padres) y familias reconstruidas (tras un divorcio o separación).

¿Dónde esta el problema, concapas del mundo? Uno puede defender o no estas familias, pero no puede evitar que no existan. Que se lo digan a Mª Dolores de Cospedal. Luego se dicen cosas que yo juzgo interesantes como que “formar una familia es realizar un proyecto libremente elegido”, con su carga de responsabilidad, la implicación de todos los miembros y que exige tenacidad, compromiso y obligaciones. ¿El objetivo? “Conseguir satisfacción y felicidad”.

Hay tantas cosas interesantes, valiosas desde cualquier punto de vista, tantas que este post podría durar lo que dura el libro. “La familia es el símbolo de la convivencia ideal, basada en el amor y en la mutua ayuda”.

Y no me enrollo más. Me habría gustado estudiar una asignatura que incluyera temas, como la urbanidad (sí, urbanidad), los problemas de las drogas, de la justicia, el cómo debe ser un buen ciudadano, de la necesidad de las normas, de los derechos humanos, de la dignidad, la violencia y las instituciones que ayudan a solucionar conflictos.

Que alguien esté en contra de todo esto, de que se enseñe esto, con la excusa de que están creando pequeñitos votantes del PSOE me parece, sinceramente, propio de fascistas de tapadillo. Que se avance hacia unos contenidos consensuados, que no hieran las susceptibilidades más sensibles, es entendible. El libro de José Antonio Marina me parece idóneo. Cada centro puede, además, elegir el libro que más le guste, no entiendo dónde está el problema.

A lo mejor es que todavía perduran mentalidades que no pertenecen a este siglo, ni a esta democracia, es ya otra cuestión y que responde al analfabetismo secular que arrastra España y a los miedos y la sinrazón que ha aportado la Santa Madre Iglesia desde hace más siglos aún.

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El poeta y profesor granadino llamó en un artículo, dos veces, perturbado a un profesor, colega suyo, que lleva tiempo tocándole los cojoncillos. Veámos el significado de esto que el juez considera insulto:

perturbado, da.

(Del part. de perturbar).

 

1. adj. Dicho de una persona: Que tiene alteradas sus facultades mentales. U. t. c. s.

 

Lo hizo en un artículo en que salía en defensa de la libertad de expresión, para poner coto a lo que él considera barbaridades -lo son-, proferidas en clase a todo tipo de alumnos, incluidos guiris erasmus escandalizados. Estas barbaridades, supuestamente y tal, salían de boca del profesor José Antonio Fortes, que huele a marxista trasnochado y que, de haber nacido en Euskadi, seguramente habría abrazado la causa abertzale más furibunda y batasuna. El tal Fortes, decía en clase que Lorca era un fascista y que Francisco Ayala, otro granadino, fue un aliado del fascismo español franquista. Se basa en un prólogo de una obra suya, La cabeza del cordero, para afirmarlo. Recuerda García Montero en su artículo de la discordia que Ayala se significó ya en la Guerra Civil contra Franco y demostró con su exilio y sus obras en favor de la libertad su poco talante fascista. He sondeado algo por Internet y el tipo se las trae, en plan iluminado del marxismo. En una entrevista, llega a decir que la única función de las universidades y las instituciones científicas es “el publicismo de la ideología capitalista”.

Pero la Justicia se ha puesto de lado de Fortes y le ha dado la victoria moral. Y económica, porque Montero deberá pagarle unos 1.800 euros. Orgullo herido, decepción, impotencia, España cainita. Decide el poeta que se toma un año de excedencia, cuando termine este curso, en señal de protesta y para no coincidir más con el supuesto perturbado. Su defensa de la libertad de expresión se ha vuelto contra él, como un bumerán loco y con la rabia.

¿Qué es más grave, que te llamen perturbado, o contaminar la verdad hasta hacerla irreconocible? La Justicia dictamina que lo primero. ¿Estará también perturbada?

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El domingo pasado, El Correo de Bilbao publicó una entrevista al candidato a dar la cara en el PP navarro, el PPN, Santiago Cervera. En un estilo sobrio y certero, el entrevistado respondió sin esconderse a las preguntas del periodista Reviriego (le faltó preguntarle sobre ese tema que a muchos sulfura de la disposición transitoria cuarta).

Con unas formas más de político nacional que de local, el entrevistado se permitió unos cuantos lechones in the face a su ex presidente foral, al que algunos llaman con sorna, El Rey de Navarra, don Miguel Sanz Sesma. “Desde hace cinco cinco años, no lo reconozco”. Y es que tiene Sanz un poco del efecto Aznar, ese síndrome que sobreviene al político en las postrimerías de su mandato, y que le invitan a dar golpes sobre el tablero, un poco por las bravas y sin medir las consecuencias. A ponerse la kresta. Un símbolo de esta actitud, las pulsericas, hace tiempo que cuelgan de su muñeca.

Es destacable la manera que tiene Cervera de llamarle tonto:

Le he conocido en el Gobierno navarro, cuando yo era consejero, y se mostraba como una persona vehemente y, en algunos casos, excesivamente primaria a la hora de analizar las cosas (…)

Autoritario:

El ordeno y mando de Sanz en UPN no se verá en el PP navarro. Habrá un trabajo mucho más coral.

Y prepotente:

Sanz dijo el otro día poco menos que el PP es del Opus. Sanz se ha creído el presidente de un cortijo.  

Sin entrar en más valoraciones, se agradecen entrevistados que contestan sin paños calientes. La derecha navarra se autodestruye.

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En su día, celebré la salida de aquel partido que prometía traer cierta sensatez desapasionada en terrenos delicados como el catalán. Hablo de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía. Llegué incluso a rellenar un formulario para que me enviaran información sobre sus actividades, motivaciones, etc. A lo mejor hasta ligaba, pensé por aquellos entonces míos de soltería. No ligué, me desvinculé conceptualmente de aquel proyecto, pero sigo recibiendo cada poco mails informativos sobre reuniones y propuestas de apoyo a la Enmienda 6.1.

Hace poco me llegó una invitación al estreno de la última película de Iñaki Arteta, El infierno vasco, para las que se podían pedir hasta cuatro entradas, cosa que hice, por aquello de ver cine by the little leg. Hoy leo en El Imparcial de Occidente que dicha peli no encuentra sala de cine que la estrene en San Sebastián, Donostia. No pude ver 13 entre mil, la historia de 13 víctimas entre las aproximadamente mil que llevan estos gudaris del odio, por lo que no puedo decir que me impresionó una peli valiente y honesta, lejos de la moralina indignada de señorona de la calle Goya que practican diarios como El Mundo, con la siniestra técnica de usar el dolor ajeno para vender periódicos, cosa que cuando menos produce asco y voy terminando ya la frase que me empieza a quedar realmente larga.

Pero tengo para mí que las cintas de Arteta no la son filigrana ful con ínfulas de reinventar el cine (o descubrir mear de pie) que practica Jaime Rosales (después de padecer La soledad no creo que me atreva con Tiro en la cabeza). Intuyo que son películas que no gustan en el meollo nacionalista, en la burguesa y salvaje San Sebastián, sumida en un infierno vasco que muchos evitan mirar de frente porque sencillamente miran para otro lado, no sea que les demuestre lo equivocados que estaban. Me recuerdan a la gente del Opus Dei que prefiere no ver películas tan hermosas como Camino. Comparten la misma despreciable cerrazón, por no decir maldad.

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